LA VIDA SIEMPRE RENACE

¡El vive! ¡Vive el Señor!

Hoy somos protagonistas de una vida nueva, la que es cada vez más fuerte que las exclusiones. En esta vida, rescatemos los signos de  vida que existen dentro de la realidad que nos toca vivir. Hagamos experiencia de “Resurrección” comprometiéndonos juntos, en comunidad.

Tenemos seguridad y esperanza de una vida que tiene fuerzas para renacer entre la muerte. Al cuidar la vida y las fuerzas de la esperanza, por más pequeñas que parezcan, alentamos en nosotros una libertad interior para combatir los hechos de muerte. Es propio de un Jesús Resucitado el que la vida no quede encerrada y ahogada indefinidamente y el que siempre pueda haber soluciones nuevas.

El triunfo de la vida sobre la muerte, se manifiesta en el corazón de nuestra vida comunitaria. La búsqueda de unidad, dialogo, el ir creciendo en confianza y amistad en el grupo son signos de vida frente a los problemas que tenemos.

También creemos en la fuerza de la vida que se manifiesta en la posibilidad de alternativas sociales, políticas y económicas. Sentimos que es mentira “que no hay otra salida para los problemas sociales y cotidianos”, eso de “todo esta perdido”… “que no se puede”… sabemos que si hay salidas, hay alternativas, que podemos crear, si nos unimos podemos hacer grandes cosas, quizás solos es mas difícil.

El mundo necesita de Jesús.

Asumamos coherentemente nuestro compromiso de compartir como Jesús nos enseño. Tomemos conciencia de que, a través de nuestras palabras y sobre todo en nuestros gestos cotidianos, hacemos presente a Jesús.

 

Todo en esta vida, es un decidir,

Si me voy contigo o me quedo aquí,

romperé los muros de mi propia casa,

iré mar adentro y pescare por ti…